No todo está podrido
Por Julián Parra Ibarra
En la obra ‘La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca’ del dramaturgo inglés William Shakespeare, la frase del guardia del castillo y amigo de Hamlet, Marcelo, de que “…algo está podrido en Dinamarca”, sirvió como anuncio de la vecindad de la tragedia en un país sumido en la violencia y la criminalidad.
Escrita en 1599, la frase sigue siendo usada hoy en día, como una advertencia de que algo huele mal, de que las cosas no están bien, de que el ambiente apesta, y en México, país sumido en la violencia y el crimen, la frase cobra una vigencia increíble.
Hace días, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer que a nivel nacional se triplicaron el número de homicidios en lo que va del sexenio calderonista, al pasar de los nueve mil 921 en 2005, a 10 mil 452 en 2006, a ocho mil 867 en 2007, a 14 mil 006 en 2008, a 19 mil 803 en 2009, a 25 mil 757 en 2010, y 27 mil 199 en 2011.
Hace un par de días, el periódico francés Le Monde le dedicó su editorial a nuestro país y lo tituló, “México, la espiral de la barbarie”, y calificó la violencia en nuestro país como una “verdadera hecatombe” y como el “conflicto más mortífero del planeta durante los últimos años”. Sostuvo que la guerra de Calderón provocó la barbarie.
Hace referencia a las cifras ofrecidas por el INEGI y las utiliza como argumento de que “revelan de manera implacable la gangrena que ha ganado al país”, y se aventura a pronosticar que al cierre del sexenio calderonista, la cifra de muertes violentas relacionadas con la guerra contra el narco, llegará a las 120 mil; y las contrasta con un editorial que el presidente mexicano publicó en ese mismo diario, en el que reiteró la defensa de su estrategia y sentenció: “vamos a vencer al crimen”.
Los números, fríos como son, apuntalados por los hechos, nos demuestran todo lo contrario a lo expresado por Calderón, y avalan al editorial de Le Monde que, por lo demás, no descubre el hilo negro ni nos dice cosas nuevas que desconociéramos los mexicanos. Lo único distinto es que lo dice un medio extranjero, de esos que tanto preocupa lo que digan, a Felipe Calderón.
Más focalizado el mismo tema de la violencia, en la Comarca Lagunera, los hechos y las estadísticas son igual de contundentes. En la Zona Metropolitana de La Laguna, el escenario es muy similar guardadas las proporciones. Al cierre de 2009 se registraron más de 500 muertes violentas en ese año, al año siguiente fueron 745, y el 2011 se cerró con mil 018 –de las que 740 correspondieron a La Laguna de Coahuila, a Torreón concretamente-.
En lo que va de este año y con estadísticas al 15 de agosto según los registros de la subprocuraduría de Coahuila y la Vice Fiscalía de Durango, el ‘muertómetro’ arroja los siguientes números: 49 en enero, 56 en febrero, 40 en marzo, 43 en abril, 62 en mayo, junio 146 y julio 111. Justamente en estos dos últimos, Torreón alcanzó el vergonzante título de ‘el municipio más violento del país, al ‘aportar’ 113 y 86 muertes, respectivamente.
Con semejante panorama, uno bien podría aplicar la frase de que “algo está podrido…”, pero en México. Y sí, sí lo está porque hay mucha podredumbre que en algunos lados está a flor de piel.
Pareciera que el país no tiene remedio, que no tiene salida, que no tiene futuro. Pero no, no es así. No todo está podrido en el país. Afortunadamente.
En los años recientes, los ejemplos nos han ido demostrando que conforme la descomposición social ha ido creciendo, paralelamente ha ido surgiendo una generación de jóvenes que se han encargado de demostrar que no, que no todo está podrido en este país. Que tenemos frente a nosotros una generación de chicos que han tomado en sus manos o al menos que van dando pasos para tomar en sus manos la batuta y el futuro del país.
Por eso -y eso ya lo hemos platicado usted y yo en este mismo espacio-, disfrutamos plenamente cuando los jóvenes mexicanos se coronaron por primera ocasión campeones mundiales en la categoría Sub 17 frente al mismísimo Brasil, al que le jugaron sin complejos y con gran personalidad. Luego, la hazaña se repitió el año pasado en nuestro país frente a los alemanes, aunque en el imaginario colectivo se quedó grabada la imagen de aquella semifinal contra los uruguayos en Torreón.
Luego uno ve producto de esa buena camada de jóvenes comprometidos con sus colores y su país, con vergüenza personal y de grupo, llegan –otra vez frente a Brasil- pero ahora en la final de los Juegos Olímpicos y se consigue por primera ocasión la medalla áurea en un deporte en el que jamás se había obtenido medalla de ningún color.
Es más, México las medallas conquistadas hasta ahora en una olimpiada habían sido invariablemente en deportes individuales, o cuando mucho de parejas. Siempre se dijo que esa era la mejor muestra de que los mexicanos somos individualistas, personalistas, y sin capacidad para realizar trabajos, con logros, en labores de equipo. La hipótesis se vino abajo.
Eso -dirán algunos como cuando en 1985 Eugenia León ganó el Festival del OTI con su ‘Fandango aquí’- “ya estaba arreglado, es un distractor de los problemas nacionales”, y otros más argumentarán que es una cortina de humo que sólo sirve para distraer a los ‘pamboleros’, y que los verdaderos problemas del país ahí siguen, no se han ido.
Es cierto, los problemas no se han ido, pero más allá del deporte, la madera de esta nueva estirpe también nos ha sido mostrada: en el cine y las artes, pero más de carne y hueso, con el surgimiento de los jóvenes que a unos les agrade y a muchos les disguste o incomode, están interesados en los problemas de la patria; han levantado la mano y la voz, han mostrado vergüenza y coraje, dignidad y honestidad; han tomado las calles para protestar por lo que ellos consideran es parte de lo que tiene a México sumido en el barranco en que se encuentra hace muchos años.
Puede no gustarle a muchos, pero yo me quedo más con esta imagen de nuestra nueva generación de jóvenes, que con la de los números de los muertos y los ejecutados. Estos jóvenes alientan, dan esperanza, nos hacen creer que en México, no todo está podrido.
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