El valor de la amistad
Julián Parra Ibarra
A principios del 2000 recibí una invitación de trabajo para incorporarme ‘a partir de ayer’. Era miércoles o jueves, no lo tengo muy preciso, y para el domingo siguiente en una enorme mesa de trabajo ya estaba sentado en una reunión de evaluación y planeación en una bella hacienda de San José Iturbide. Quien me hizo la invitación era Juan Ignacio Torres Landa, el candidato del PRI a la gubernatura de Guanajuato, un tipazo, una gran persona y un gran amigo. Mi encomienda a partir de ese domingo era ocupar la titularidad del área de prensa de su campaña.
Una sola condición, le dije: Yo le trabajo al candidato, no al partido. Durante mi presentación en el ‘Truco 7’, un restaurante típico de Guanajuato capital donde se desayuna delicioso, uno de los primeros cuestionamientos de los compañeros de medios –ahora yo sentado del otro lado de la mesa- fue que no sabían que yo era priista. No, les dije, yo me contraté directamente con el candidato, al que yo le trabajo: habré de coordinarme con el área de comunicación del partido a nivel estatal, pero yo no trabajo para el partido, sino para el candidato.
El principal atractivo que me llevó a dar el ‘sí’ inmediato era que como periodista, era muy atractivo vivir una campaña ‘desde adentro’, y más desde la oposición porque aquella entidad desde hace 28 años es gobernada por el PAN. Y así fue, me tocó formar parte de una gran campaña en la que –sigo convencido a la fecha- no se logró la victoria porque el ‘efecto Fox’ arrasó en todo el país, con mayor razón en el estado del que venía de ser gobernador.
Hace unos días durante la campaña del panista Guillermo Anaya Llamas, tuve la oportunidad de saludar a Juan Carlos Romero Hicks, actual senador de la República, y entonces el candidato opositor de ‘Juani’ como era conocido Torres Landa en toda la zona del bajío, y que a la postre se convirtió en gobernador. Amigablemente evocamos aquella campaña y recuerdos de Juan Ignacio. Nos despedimos con un fuerte apretón de manos y un abrazo.
En la Comarca Lagunera y por la vecindad que compartimos en la región de territorio coahuilense y duranguense, tengo grandes amigos en ambos lados del Nazas, de militancia priista, y a quienes aprecio y respeto. Los juanes, Ávalos Méndez en Durango, y De León en Coahuila. Paco Dávila, Salomón Juan Marcos Issa y su hijo Toño, Enrique Martínez y Morales y su padre el ex gobernador de Coahuila; los actuales legisladores Jericó Abramo Masso y Armando Luna Canales; el ex dirigente estatal tricolor, Salvador Hernández Vélez; Manlio Gómez Uranga, Salvador Jalife, Carlos Román Cepeda, ex alcaldes de Torreón; Sergio Uribe Rodríguez, actual legislador duranguense; Luis Fernando González Achem, ex alcalde de Lerdo; Leticia Herrera Ale, alcaldesa de Gómez Palacio y su señor padre don Carlos Herrera dos veces ex alcalde gomezpalatino (QEPD). La lista puede ser interminable.
Igualmente tengo por fortuna entre mis amistades a grandes amigos de militancia panista: Don Raúl Zapico Escárcega (QEPD), Pedro Ávila Aguilera, Carlos Bracho –quien en su calidad de diputado federal presentó en Congreso la tercera y más reciente iniciativa para la creación del Estado de La Laguna-, Augusto Ávalos Longoria, Don Ramón María Nava, los propios Jorge Zermeño Infante, Chuy de León y muchos, muchísimos más.
Militantes de ‘las izquierdas’ también de los dos lados del Nazas, Jorge Torres Castillo, Cecilio Campos –actual presidente del PRD en Gómez Palacio-, Fernando Rangel de León, Esperanza Olguín, Francisco Ibarra; tengo un gran respeto y aprecio por el trabajo de la doctora Miroslava Sánchez, dirigente estatal de Morena en Coahuila.
A mis amigos no les pido credenciales para que comprueben sus preferencias sexuales, religiosas, políticas o ideológicas. Punto, a mis amigos los quiero y los respeto con sus filias y fobias. No, yo no voy a perder a ninguno de mis amigos por una campaña electoral. Me llevó muchos años de mi vida irlos encontrando en el camino y con mucha paciencia he ido cultivando su amistad, su aprecio, su cariño, su respeto.
No sé cuál sea el desenlace final de la elección a la gubernatura de Coahuila, pero no tengo que esperar el resultado del cómputo final para ‘cribar mi lista de amigos’. No, mis amigos son eso, amigos, y yo tengo al valor de la amistad en un pedestal muy, pero muy por encima de creencias religiosas, políticas,
de preferencias sexuales o de situación económica. No los clasifico por colores, logotipos o creencias. Vamos yo a mis amigos no los tengo clasificados, son mis amigos, punto. Mi segunda familia, la que se elige.
A todos mis amigos. Un fuerte abrazo. No sé quién será el declarado ganador para ser el próximo gobernador de Coahuila. Pero yo sigo trabajando intensamente de la mano de mis amigos, para hacer de este un gran Estado y del nuestro, un gran país.